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| Alexis Ren |
Esta mañana me he levantado a las 6, tres horas antes de la hora a la que debería estar en la oficina, y aun así he llegado 10 minutos tarde.
Esto es lo normal para mí, siempre llego unos minutos tarde.
No quiere decir nada, y con ello no quiero hacer entender que merezco unas
normas diferentes al resto, simplemente es mi manera de ser.
Me levanto temprano e intento ocupar el tiempo con tantas actividades como me sea posible antes de irme a la oficina: un poco de ejercicio,
el desayuno, ponerme al día con las noticias, fantasear mientras me peleo poniéndome los calcetines, etc.
Miro el reloj y pienso, “bueno, aún tengo tiempo”. Después
de una o dos tareas más, sólo me quedan 40 minutos para llegar al trabajo y un
camino de 45 minutos.
Esto me ha pasado en todos los trabajos que he tenido, y especialmente
en las reuniones sociales. Soy impuntual habitualmente, y aparentemente no soy
yo sólo.
Como consultora administrativa, Diana DeLonzor expone:
“La mayoría de las personas tardonas lo han sido toda su
vida, y llegan tarde a todo tipo de actividades, buenas o malas.
Sorprendentemente, en un pequeño estudio sobre la impuntualidad, los expertos
coinciden en la teoría de que ciertas personas están “programadas” para llegar
tarde, y parte del problema debe de estar profundamente incrustrado en los
lóbulos del cerebro”.
Así que, si llegas tarde sistemáticamente, te compadezco y
simpatizo con la avalancha de críticas que probablemente te llueven, y con
razón.
Sé que no eres perezoso, poco productivo, inconsiderado o
una persona que se cree con más derechos. Sé que no tratas de insultar a nadie
por tu tardanza.
Tu retraso es simplemente la consecuencia de tu psicología y tu personalidad, nada más ni nada menos.
Los tardones crónicos no son inútiles, son prometedores.
Las personas que llegan continuamente tarde son en realidad más optimistas. Creen que pueden realizar más tareas en un tiempo limitado, al contrario que el resto, y desarrollan su capacidad multitarea. Dicho de manera sencilla, ellos son fundamentalmente prometedores.
Esto los hace irrealistas y malos al estimar el tiempo, pero
esto queda amortizado a la larga en otros aspectos.
Los investigadores han encontrado que el optimismo tiene
infinidad de beneficios físicos para la salud, desde de reducir el estrés
y disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hasta fortalecer el
sistema inmune.
Mantener una actitud positiva también es necesario para el
éxito personal. Investigaciones muestran que la felicidad incrementa en
general, la productividad, la creatividad y el trabajo en equipo en el lugar de
trabajo.
Todo esto cobra sentido con un estudio realizado en la Universidad del Estado de San Diego, que también ha relacionado a las personas que se
retrasan con el Tipo B de personalidad, o personas que tienden a ser más
tranquilas y relajadas.
En otras palabras, las personas que llegan habitualmente
tarde no se alteran por pequeñeces, se concentran en la foto grande del asunto
y ven el futuro lleno de infinitas posibilidades.
El tiempo es relativo, aprende a vivir el momento.
Deberíamos darnos cuenta de que la puntualidad es un
concepto relativo. El tiempo y la impuntualidad tienen significados diferentes
en distintas culturas y contextos.
En los Estados Unidos, normalmente interpretamos la
impuntualidad como un insulto o un signo de ética pobre en el trabajo.
Cuando alguien llega tarde, se asume que esa persona se
considera más importante o valiosa. Los americanos creen que el tiempo es
dinero y que el dinero es tiempo.
Pero si echas un vistazo a Europa, es como si la noción del
tiempo mutara mágicamente cada vez que cambias de país.
En Alemania, la tierra de la perpetua eficiencia, la
puntualidad de importancia vital.
Cuando el presidente ruso Vladimir Putin llegó tarde a una
reunión con la canciller alemana Angela Merkel, por ejemplo, ella se marchó, porque así es como las gastan los alemanes.
Si te aventuras en España, sin embargo, encontrarás que la
gente se toma el tiempo de manera completamente diferente. El español funciona
con su propio reloj y son famosos por cenar a las 10 de la noche.
Dirígete hacia abajo, hacia Latinoamérica, y descubrirás que
el comportamiento puntual apenas tiene importancia.
El asunto es que cada uno hace las cosas a su manera.
Es justo sostener que la impuntualidad es mala para el
crecimiento económico y que los horarios son vitales para mantener la
eficiencia.
Pero si miramos el hecho de que los americanos trabajan
largas jornadas y aun así muestran bajos niveles de productividad, este
argumento parece de algún modo vacío y nulo.
Como individuos e intrigantes de la sociedad, todos
necesitamos encontrar el sano equilibrio entre la puntualidad y la
impuntualidad. Los horarios son importantes, pero romperlos no significa el fin
del mundo.
La gente con tendencia a llegar tarde le gusta pararse y
oler las rosas, y aquellos propensos a la puntualidad podrían aprender algo de
ellos (y viceversa).
La vida no está para ser planeada hasta el último detalle. Permanecer excesivamente atado a los horarios implica perderse el disfrutar el
momento.
Vivir el presente es crucial para nuestra sensatez. Algunas
veces es mucho mejor dejarse llevar.
No podemos pasarnos el tiempo alojados en el pasado o
imaginando el futuro, o acabaremos desaprovechando las cosas maravillosas que
ocurren a nuestro alrededor.
Este artículo ha sido publicado originalmente por Elite Daily. Leer artículo original de John Haltiwanger.















