lunes, 22 de junio de 2015

Porqué algunas personas tienen sexo por la ciencia.

Algunas personas se calientan a sabiendas de que sus actividades sexuales son examinadas por los expertos. YvesHanoulle/Flickr, CC BY NC-SA.

¿Cómo tienen sexo los voluntarios en un laboratorio? Ya me enredé en esta cuestión cuando leía acerca de un estudio experimental sobre posiciones sexuales ideales para hombres con dolor de espalda. Para el propósito de la investigación, las parejas fueron grabadas utilizando tecnología de captura de movimiento y de infrarrojos, mientras tenían sexo.

Los investigadores se situaron en una cabina aparte, donde podían escuchar pero no ver a los participantes. Se utilizaron electrodos que registran la actividad muscular en ciertas partes del cuerpo para obtener una idea de la fuerza realizada.

Otros estudios sexuales son más invasivos.  El pletismógrafo peneano mide la circunferencia del pene ante la respuesta de imágenes sexuales, midiendo cuánto se le endurece a un hombre en respuesta al porno. La excitación sexual de las mujeres se mide con un pletismógrafo vaginal; se inserta pequeño cilindro con un sensor dentro en la vagina a modo de tampón, el cual mide la excitación sexual. No es una experiencia especialmente sexy, uno ya se puede imaginar.

Quizás, algunas personas se calientan a sabiendas de que sus actividades sexuales son examinadas por los expertos. Si este es el caso, ¿podemos generalizar con los descubrimientos obtenidos en los estudios sexuales realizados en el laboratorio?

Masters a la vanguardia

William H. Masters y Virginia E. Johnson fueron los primeros investigadores en observar el sexo en el laboratorio en los Estados Unidos, en 1950. En sus primeros experimentos estudiaron a prostitutas, ya que nadie más se habría presentado como voluntario a sus estudios.

En total, 145 mujeres llevaron un electrocardiógrafo para determinar su ratio cardíaco, y electroencefalógrafos para monitorear su actividad cerebral, de manera que pudieran medirse sus respuestas a la pornografía, la masturbación y los vibradores.

Posteriores investigaciones de Masters y Johnson involucraron a voluntarios procedentes de la comunidad general. Observaron más de 300 parejas que fueron emparejadas aleatoriamente para practicar sexo. Además, estudiaron su propia respuesta sexual teniendo sexo entre ellos por la ciencia, mientras preparaban el laboratorio.

Su teoría sobre el “ciclo de la respuesta sexual humana” fue elaborada a partir de este trabajo. Este ciclo de excitación, orgasmo y resolución durante el coito, sirvió como base para establecer los conceptos de sexo normal y “disfunciones” sexuales, que tuvo una gran influencia en cómo posteriormente fue contextualizado el sexo en la medicina y en la sociedad en general.

Métodos cuestionables

Las primeras investigaciones sobre sexo se denominaron como “científicas” para evitar críticas acerca de que pudieran aguardar motivos perversos. Esto significó que los métodos de investigación se adoptaron sin ser cuestionados; esto fue ciencia dura (sin juego de palabras).

Pero la aplicabilidad de tales métodos al fenómeno complejo que es el deseo y las respuestas sexuales, ha sido puesta en cuestión por numerosos investigadores contemporáneos del sexo, así como por científicos sociales.

Se ha encontrado que los estudiantes varones que participaron como voluntarios en experimentos sexuales presentan una mayor diversidad de comportamientos sexuales. YvesHanoulle/Flickr, CC BY NC-SA.

La medición de las respuestas del cuerpo no es la única manera que hay de comprender el sexo. Algunos dirían que el sexo está en la mente, con convicciones y creencias que juegan un papel más importante que las funciones corporales. El deseo sexual femenino está asociado frecuentemente  con el hecho de ser deseadas, por ejemplo, más que con una respuesta psicológica.

Las mujeres y los hombres pueden así mismo desear y disfrutar del sexo cuando sus cuerpos son “disfuncionales”; esto significa que aunque no sean capaces de realizar el coito, ésta no es la única opción para tener sexo.

Asuntos cuestionables

Además, han surgido dudas acerca de la representatividad de los sujetos que participaron en el estudio. Se encontró que los estudiantes varones que participaron como voluntarios en los experimentos sexuales, eran sexualmente menos temerosos y experimentaban un menor sentimiento de culpa que los que declinaron la propuesta de participación, solían tenían más parejas sexuales que los no voluntarios y se involucraban en una mayor diversidad de comportamientos sexuales.

Se encontró que las mujeres voluntarias habían tenido más traumas sexuales, se masturbaban con más frecuencia y fueron más expuestas a la pornografía a edades más tempranas. También presentaban un menor temor sexual.

Hoy en día, los investigadores que usan métodos experimentales para estudiar el sexo son una minoría. Las consideraciones étnicas, dificultades de reclutamiento, obtención de fondos y la conciencia de que el sexo es algo más que el cuerpo, son algunas de las razones. Los investigadores contemporáneos del sexo usan principalmente cuestionarios o entrevistas para preguntarle a la gente sobre sus experiencias y deseos sexuales.

Pero el sesgo de participantes es también un problema para los propios informes de los investigadores del sexo. Se ha visto que los voluntarios de estas encuestas y entrevistas son más experimentados sexualmente, con una mayor búsqueda de sensaciones, más “erotofílicos”, se masturban más y tienen más fantasías sexuales, y expresan una menor conformidad social. Además, tienen una autoestima más alta y son habitualmente gente sin complejos.

Importancia incuestionable

Esto no quiere decir que todos los voluntarios de investigaciones sobre el sexo sean exhibicionistas, inconformistas, o que haya algo malo en ello en el caso de que lo sean.

Mucha gente que se presenta como voluntario para participar en investigaciones sobre sexo es consciente de las dificultades, y quiere ayudar a otros en la misma situación. Otros, simplemente se encuentran a gusto con su cuerpo y su sexualidad, y les agrada la idea de ampliar el conocimiento científico sobre el comportamiento sexual.

Decidir qué método es mejor para estudiar el sexo, depende del objeto de la investigación. Aquellos interesados en el funcionamiento del cuerpo, miden las respuestas sexuales en el laboratorio. Las emociones, los sentimientos y las construcciones culturales del sexo requieren una entrevista o encuesta. Pon estos métodos juntos y tendrás una imagen más completa de la complejidad del deseo y el comportamiento sexual.

Este artículo ha sido publicado originalmente por The Conversation. Leer el artículo original de Jane Ussher.

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