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Los españoles las usas diariamente, pero frecuentemente no
saben nada sobre sus orígenes. Se enfadan y exclaman “me cago en la mar” (I shit in the sea), hacen algo torpemente y
dicen “llevo una torrija encima” (I´m
walking around with a fried slice of milk soaked bread on my head).
Incluso dicen cosas como “pollas en vinagre”, lo que es particularmente difícil de explicar a
los no españoles, y que podría traducirse como “pickled dicks”.
El hispano hablante medio de la península ibérica no puede
parar de sacar tales expresiones de su boca, pero para otras personas, éstas
pueden ser verdaderamente chocantes.
Esto es precisamente lo que le sucedió 10 años atrás a
Héloïse Guerrier, quien se graduó en estudios hispánicos en París, se mudó a
España, y ahora codirige una editorial de comics llamada Astiberri.
“Me fascinaron esas expresiones hechas que, aisladas de su
contexto, o para alguien de fuera, suenan muy estrambóticas. Me quedaba
noqueada”, recalcó.
Así que ella decidió explorar los orígenes de estas
expresiones y apuntó sus descubrimientos en un libro, con ilustraciones
realizadas por David Sánchez, un autor de la editorial de comics.
“Cuando te paras a pensar detenidamente en las palabras que
forman estas expresiones idiomáticas” cuenta Héloïse, “te das cuenta que hay un
salto importante entre significado literal y significado figurado, y de allí
surge la gracia de todo”, afirma.
Éste fue el comienzo de Con
dos huevos (With two eggs), un trabajoso libro de clasificaciones que
combina curiosidades etimológicas con imágenes hilarantes que describen algunas
de las situaciones absurdas creadas por el lenguaje popular español.
Sin embargo, Con dos
huevos no dio lugar a acapararlo todo. “Como quedaron muchas expresiones en
el tintero, decidimos llevar a cabo un segundo recopilatorio de expresiones
castizas tronchantes, Cagando leches”.
“Mi objetivo en este
trabajo era ser muy literal”, explica David Sánchez, cuyas ilustraciones añaden
un toque de humor, “intentar no ser gracioso o hacer caricaturas, aunque es
verdad que el tono de las ilustraciones es más humorístico”.
¿Qué hace a estas expresiones diferentes a las de otros
países? ¿Usan los españoles un lenguaje más obsceno que los franceses o los
ingleses? La respuesta breve es: sí.
“Cada lengua tiene
sus expresiones hechas”, explica Héloïse, “tipo
´it´s raining cats and dogs´ (están lloviendo perros y gatos) en inglés y ´construire des châteaux en Espagne´
(construir castillos en España) en francés; pero me parece que las expresiones
del lenguaje coloquial en castellano son bastante más crudas y contundentes”.
Otro asunto que capta mi atención, es que según ella “bastantes
expresiones se relacionan con lo escatológico, la comida o la religión. Creo
que las expresiones coloquiales populares dicen bastante sobre una cultura, su
tabúes y sus obsesiones”.
Piénsalo la próxima vez que digas “hostias como panes” (consecrated wafers the size of bread loaves) o
“cágate, lorito” (take a dump, little
parrot).
Otra cosa que llama la atención de Cagando leches es el modo en el que la lengua española crea con
naturalidad imágenes raras y enrevesadas.
“Me llamaba la atención el lado surrealista, casi
inquietante que podían cobrar algunas palabras tomadas al pie de la letra”,
dice la autora.
Hablamos de expresiones como “tener los cojones de corbata” (to wear your balls as a necktie) o
el arriba mencionado “pollas en vinagre”,
que es uno de los favoritos de Guerrier.
“Es verdad que es una expresión muy malsonante, pero en
realidad ¡no tiene nada que ver con los genitales masculinos!”, revela. Las “pollas” en cuestión son realmente un
tipo de pájaro, también conocido como “gallineta”, que se adoba en algunas
partes de España.
Pero incluso fueron a por expresiones con difícil
representación en imágenes, como “no
tengo el chichi para farolillos”, una frase que fue acuñada por guionistas
de televisión, y que a grandes rasgos significa “this is the wrong moment for that” (no es el momento para esto),
pero que literalmente dice “my pussy is
not in the mood for Chinese lanterns”.
“La verdad es que no vi una manera de ilustrar esto
que me convenciese, y eso que le di varias vueltas porque era una expresión que
Héloïse quería en el libro”, añade David Sánchez.
Este artículo ha sido publicado originalmente por El País. Leer artículo original de Guillermo Arenas.

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