viernes, 3 de julio de 2015

Todas las personas optimistas tienen una cosa en común: siempre llegan tarde.

Alexis Ren

Esta mañana me he levantado a las 6, tres horas antes de la hora a la que debería estar en la oficina, y aun así he llegado 10 minutos tarde.

Esto es lo normal para mí, siempre llego unos minutos tarde. No quiere decir nada, y con ello no quiero hacer entender que merezco unas normas diferentes al resto, simplemente es mi manera de ser.

Me levanto temprano e intento ocupar el tiempo con tantas actividades como me sea posible antes de irme a la oficina: un poco de ejercicio, el desayuno, ponerme al día con las noticias, fantasear mientras me peleo poniéndome los calcetines, etc.

Miro el reloj y pienso, “bueno, aún tengo tiempo”. Después de una o dos tareas más, sólo me quedan 40 minutos para llegar al trabajo y un camino de 45 minutos.

Esto me ha pasado en todos los trabajos que he tenido, y especialmente en las reuniones sociales. Soy impuntual habitualmente, y aparentemente no soy yo sólo.

Como consultora administrativa, Diana DeLonzor expone:

“La mayoría de las personas tardonas lo han sido toda su vida, y llegan tarde a todo tipo de actividades, buenas o malas. Sorprendentemente, en un pequeño estudio sobre la impuntualidad, los expertos coinciden en la teoría de que ciertas personas están “programadas” para llegar tarde, y parte del problema debe de estar profundamente incrustrado en los lóbulos del cerebro”.

Así que, si llegas tarde sistemáticamente, te compadezco y simpatizo con la avalancha de críticas que probablemente te llueven, y con razón.

Sé que no eres perezoso, poco productivo, inconsiderado o una persona que se cree con más derechos. Sé que no tratas de insultar a nadie por tu tardanza.
Tu retraso es simplemente la consecuencia de tu psicología y tu personalidad, nada más ni nada menos.

Los tardones crónicos no son inútiles, son prometedores.


Las personas que llegan continuamente tarde son en realidad más optimistas. Creen que pueden realizar más tareas en un tiempo limitado, al contrario que el resto, y desarrollan su capacidad multitarea. Dicho de manera sencilla, ellos son fundamentalmente prometedores.

Esto los hace irrealistas y malos al estimar el tiempo, pero esto queda amortizado a la larga en otros aspectos.

Los investigadores han encontrado que el optimismo tiene infinidad de beneficios físicos para la salud, desde de reducir el estrés y disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hasta fortalecer el sistema inmune.

De hecho, se ha relacionado la felicidad y el positivismo con una vida más larga en general.

Mantener una actitud positiva también es necesario para el éxito personal. Investigaciones muestran que la felicidad incrementa en general, la productividad, la creatividad y el trabajo en equipo en el lugar de trabajo.

Todo esto cobra sentido con un estudio realizado en la Universidad del Estado de San Diego, que también ha relacionado a las personas que se retrasan con el Tipo B de personalidad, o personas que tienden a ser más tranquilas y relajadas.

En otras palabras, las personas que llegan habitualmente tarde no se alteran por pequeñeces, se concentran en la foto grande del asunto y ven el futuro lleno de infinitas posibilidades.

El tiempo es relativo, aprende a vivir el momento.


Deberíamos darnos cuenta de que la puntualidad es un concepto relativo. El tiempo y la impuntualidad tienen significados diferentes en distintas culturas y contextos.

En los Estados Unidos, normalmente interpretamos la impuntualidad como un insulto o un signo de ética pobre en el trabajo.

Cuando alguien llega tarde, se asume que esa persona se considera más importante o valiosa. Los americanos creen que el tiempo es dinero y que el dinero es tiempo.

Pero si echas un vistazo a Europa, es como si la noción del tiempo mutara mágicamente cada vez que cambias de país.

En Alemania, la tierra de la perpetua eficiencia, la puntualidad de importancia vital.

Cuando el presidente ruso Vladimir Putin llegó tarde a una reunión con la canciller alemana Angela Merkel, por ejemplo, ella se marchó, porque así es como las gastan los alemanes.

Si te aventuras en España, sin embargo, encontrarás que la gente se toma el tiempo de manera completamente diferente. El español funciona con su propio reloj y son famosos por cenar a las 10 de la noche.

Dirígete hacia abajo, hacia Latinoamérica, y descubrirás que el comportamiento puntual apenas tiene importancia.

El asunto es que cada uno hace las cosas a su manera.

Es justo sostener que la impuntualidad es mala para el crecimiento económico y que los horarios son vitales para mantener la eficiencia.

Pero si miramos el hecho de que los americanos trabajan largas jornadas y aun así muestran bajos niveles de productividad, este argumento parece de algún modo vacío y nulo.

Como individuos e intrigantes de la sociedad, todos necesitamos encontrar el sano equilibrio entre la puntualidad y la impuntualidad. Los horarios son importantes, pero romperlos no significa el fin del mundo.

La gente con tendencia a llegar tarde le gusta pararse y oler las rosas, y aquellos propensos a la puntualidad podrían aprender algo de ellos (y viceversa).

La vida no está para ser planeada hasta el último detalle. Permanecer excesivamente atado a los horarios implica perderse el disfrutar el momento.

Vivir el presente es crucial para nuestra sensatez. Algunas veces es mucho mejor dejarse llevar.


No podemos pasarnos el tiempo alojados en el pasado o imaginando el futuro, o acabaremos desaprovechando las cosas maravillosas que ocurren a nuestro alrededor. 

Este artículo ha sido publicado originalmente por Elite Daily. Leer artículo original de John Haltiwanger.
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jueves, 2 de julio de 2015

Investigadores de la NASA descubren otro planeta Tierra.

Fuente: Scientists Discover Another Earth!

Usando el Telescopio Espacial Kepler de la NASA, los astrónomos han descubierto el primer planeta del tamaño de la Tierra que orbita en la “zona de habitabilidad” de una estrella. Esta zona define el rango de distancia en el que el agua puede presentarse de forma líquida sobre la superficie de un planeta orbital. El descubrimiento del Kepler-186f confirma que existen otros planetas del tamaño de la Tierra dentro de la zona de habitabilidad en otras estrellas, además de en nuestro sol.

Anteriormente se habían encontrado otros planetas dentro de esta zona, pero todos tenían al menos el 40% del tamaño de la Tierra, lo que suponía un desafío en la comprensión de la composición de los mismos. El Kepler-186f evoca más a la Tierra.

“El hallazgo del Kepler-186f es un paso significativo hacia el descubrimientos de mundos semejantes a nuestro planeta”, dijo Paul Hertz, director de la División Astrofísica de la NASA, a la sede central de Washington. “Futuras misiones de la NASA, como el Transiting Exoplanet Survey Satellite (Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito) o el James Webb Space Telescope (Telescopio Espacial James Webb), servirán para descubrir los exoplanetas rocosos más cercanos, y así determinar su composición y condiciones atmosféricas; de este modo, continuaremos con la cruzada de la humanidad por encontrar mundos realmente iguales a la Tierra”.

Aunque el tamaño del Kepler-186f se conoce, su masa y composición aún son desconocidas. Sin embargo, anteriores investigaciones sugieren que un planeta del tamaño de éste, será probablemente rocoso.

“Sólo se conoce un planeta que alberga vida, la Tierra. Cuando buscamos vida fuera de nuestro Sistema Solar nos centramos en encontrar planetas con características que mimeticen a las de la Tierra”, dice Elisa Quintana, investigadora del Instituto SETI del Centro de Investigación Ames en Moffett Field (California), y autora principal del artículo publicado en la revista Science. “Encontrar un planeta habitable comparable a la Tierra en tamaño, es el mayor logro conseguido”.

El diagrama compara los planetas de nuestro Sistema Solar con el Sistema Kepler-186, un sistema de cinco planetas a unos 500 años luz de la Tierra, situado en la constelación de Cygnus. Los cinco planetas del Kepler-186 orbitan alrededor de una enana roja, una estrella que es la mitad de grande en tamaño y masa que el Sol. Créditos: NASA Ames/SETI Institute/JPL-Caltech.

El Kepler-186f se localiza en el Sistema Kepler-186, a unos 500 años luz de nuestro planeta, en la constelación Cygnus. Este sistema alberga también otros cuatro planetas que orbitan una estrella la mitad de grande en tamaño y masa que nuestro sol. Esta estrella está clasificada como enana roja (o enana M), el tipo de estrella por la que está compuesta la galaxia de la Vía Láctea en un 70%.

“Las enanas rojas son las estrellas más numerosas”, explicó Quintana. “Los primeros signos de otro tipo de vida en esta galaxia vendrán con casi toda seguridad de planetas que orbiten una enana roja”.

El Kepler-186f tiene años de 130 días, y recibe de su estrella un tercio de la energía que la Tierra recibe del Sol, situándola en el límite exterior de la zona de habitabilidad. En su superficie, la luminosidad al medio día es igual a la de la Tierra cuando resta una hora para la puesta de sol.


Ver el vídeo del descubrimiento. Créditos: NASA Ames.


“Que se encuentre en la zona de habitabilidad no quiere decir necesariamente que el planeta sea habitable. La temperatura de un planeta tiene una fuerte dependencia al tipo de atmósfera que presenta”, dijo Thomas Barclay, investigador científico del Bay Area Environmental Research Institute (Instituto de Investigación Ambiental del Área de Bahía) de Ames, y coautor del artículo. “El Kepler-186f puede ser entendido como un primo de la Tierra, más que un gemelo; tiene muchas propiedades que recuerdan a nuestro planeta”.

Los otros cuatro planetas, el Kepler-186b, Kepler-186c, Kepler-186d y Kepler-186e, completan una órbita alrededor de sus sol cada cuatro, siete, trece y veintidós días respectivamente, haciéndolos  demasiado calurosos para la vida que nosotros conocemos. Estos cuatro planetas interiores miden todos juntos menos de 1,5 veces la Tierra.

Los siguientes pasos en la investigación de vida extraterrestre incluyen la búsqueda de verdaderos planetas gemelos a la Tierra (planetas del tamaño de la Tierra que orbiten dentro de la zona de habitabilidad de una estrella como el Sol) y la medición de su composición química. El Telescopio Espacial Kepler, el cual mide constante y simultáneamente el brillo de más de 150.000 estrellas, es la primera misión de la NASA capaz de detectar planetas del tamaño de la Tierra alrededor de estrellas como nuestro sol.

Ames es responsable del desarrollo del sistema terrestre Kepler, de las operaciones de la misión y del análisis de datos científicos. El Jet Propulsion Laboratory  de la NASA en Pasadena (California), gestiona el desarrollo de la misión Kepler. La Ball Aerospace & Technologies Corp. en Boulder (Colorado), desarrolla el sistema de vuelo Kepler y apoya las operaciones de las misiones con el Laboratory for Atmospheric and Space Physics de la Universidad de Colorado, Boulder. El Space Telescope Science Institute en Baltimore, almacena, aloja y distribuye los datos científicos de Kepler. Kepler es la Discovery Mission (Misión de Descubrimiento) de la NASA que fue fundada por la Science Mission Directorate (Directiva de Misiones de Ciencias).

El Instituto SETI es una organización privada y sin fines lucrativos dedicada a la investigación científica, la educación y los compromisos públicos. La misión del Instituto SETI tiene como finalidad, explorar, entender y explicar el origen, la naturaleza y la prevalencia de la vida en el universo.

Para más información, pinchar aquí.

Este artículo ha sido publicado originalmente por la NASA. Leer artículo original de Jessica Culler.
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